Verónica Ortega derrocha energía y alegría por los poros. Al intercambiar cuatro palabras con ella te das cuenta del nivel que atesora y del potencial que tiene. La enóloga andaluza Verónica Ortega se ha formado donde se aprende a hacer grandes vinos: en el Priorat con Daphne Glorian y Álvaro Palacios, en Borgoña con el Domaine de la Romanée Conti y el Domaine du Comte Armand, y en el Ródano con el Domaine Laurent Combier.
Finalmente se instaló en el Bierzo, enamorada de las viejas cepas ancestrales que resisten en este remoto valle de clima severo y de una variedad que todavía tiene mucho por demostrar: la Mencía. Con la ayuda inicialmente de Raúl Pérez y Ricardo Pérez Palacios, inició su proyecto personal en 2010 en Valtuille de Abajo. Desde entonces, su estilo se ha definido por fermentaciones con uva sin despalillar, crianzas en tinajas y una búsqueda constante de elegancia.
Verónica trabaja en orgánico cinco hectáreas de viñedo viejo, compuesto fundamentalmente por Mencía, junto a pequeñas cantidades de Palomino, Doña Blanca y Godello.
En la elaboración busca equilibrio y transparencia, además de mostrar el lado más elegante del Bierzo. Para ello combina ánforas, barricas viejas y depósito. Todos sus vinos fermentan con levaduras autóctonas y las dosis de sulfuroso son mínimas.
Los vinos de Verónica Ortega son algunas de las expresiones más matizadas y delicadas del Bierzo. Son vinos de placer, elaborados con precisión y mínima intervención para dar relieve a la excelencia de la materia prima.
Añada tras añada parece que va perdiendo el miedo y sus vinos están llegando a acariciar con las manos esa libertad que tanto ansiamos.