
En San Felice, Castelnuovo Berardenga, en la parte más meridional del Chianti Classico, encontramos Podere Le Boncie. Una pequeña finca rodeada de bosque donde Giovanna Morganti lleva décadas haciendo las cosas a su manera.
La historia empieza en los años 80. Giovanna recibe de su padre una pequeña propiedad con olivos y algunas tierras. Su padre, Enzo Morganti, era enólogo y conocía bien las variedades tradicionales de la Toscana. Además, había trabajado en proyectos para recuperar antiguas variedades de la zona.
Giovanna decidió llevar esa idea a su propia finca. Plantó Sangiovese junto a Ciliegiolo, Colorino, Foglia Tonda, Mammolo y Prugnolo. Así nació poco a poco el viñedo de Le Boncie. Hoy son apenas unas pocas hectáreas, trabajadas con mucho cuidado y siempre con una mirada muy personal.
Las viñas están plantadas a bastante densidad y muchas se conducen en alberello, una forma tradicional que Giovanna recuperó para sus parcelas. Los suelos mezclan arcilla, limo, caliza, alberese y galestro. Además, el bosque que rodea la finca forma parte de ese paisaje tan característico de esta zona del Chianti.
En la bodega, Giovanna tampoco busca complicar las cosas. Las uvas fermentan de forma espontánea y el trabajo es principalmente manual. Después, los vinos pasan tiempo en madera, siempre buscando que la crianza acompañe y no tape el carácter de la fruta.
Por eso nos gusta tanto Podere Le Boncie. Porque detrás de cada botella hay una mujer que lleva muchos años defendiendo su propia forma de entender la Toscana. Sin seguir modas y sin intentar hacer más ruido del necesario.
Sangiovese, variedades antiguas, bosque y tierra. Y, sobre todo, una manera muy personal de hacer vino. De esas que se reconocen cuando llevas un rato con la copa en la mano.